Los balcones de Lorca (Lánzate de ellos)
Después de decidir que nuevamente iba a cometer el valiente de acto de arriesgarme a ir al teatro en Maracaibo me dije que esta vez tenia que al menos procurar encontrar una alternativa que fuera por lo menos medianamente entretenida. Así fue como en el programa de un teatro de la ciudad me topé con esta obra “Los balcones de Lorca”. Lorca, me dije, bueno, esto es un tiro al piso, si es Lorca tiene que ser bueno. Ese fue mi primer gran error en una serie de muchos mas.
Vamos a ver, comencemos esta catarsis por donde nunca se lo imaginarían: desde la fila para entrar al teatro. Una cosa realmente asombrosa para el teatro marabino es la cantidad de gente que suele asistir a estas presentaciones. Cuando llegamos al teatro ya la cola para entrar contaba con mas de doscientas personas. Prometedor, pensaría cualquiera que no estuviese familiarizado con lo impredecible del arte escénico en esta ciudad, pero intentamos ser optimistas. Para mi desconcierto, al llegar pudimos observar que justo frente a la puerta del teatro se había erigido una suerte de escenario improvisado. Al consultar con algunas personas nos enteramos que antes de entrar al teatro habría una especie de presentación ligera. Sentí curiosidad, pero no tanto de que se trataría, sino de cómo carrizo iban a hacer para que todo el mundo en la fila, que ya tenia mas de un centenar de metros de longitud, pudiera ser capaz de disfrutar de dicha presentación. La respuesta fue sencilla y amarga: No pudieron. Así que comenzamos esta obra, parados durante 40 minutos en una larga fila, siendo testigos de una presentación que estaba siendo ejecutada de manera exclusiva para los primero de la fila.
Finalmente entramos, dispuestos a olvidar el mal rato y la espera. Como estaba previsto desde la enorme fila, el teatro se llenó a rebozar. Gente de medios, amigos y familiares de los artistas, ciegos amantes del teatro marabino y otras tantas personas sin nada mejor que hacer ese día colmaron la sala y se tomaban fotos a diestra y siniestra. Cosa que me hace pensar y corrijanme si estoy equivocado por favor, pero en un principio en ese teatro no se permitía tomar fotos con flash debido a que estos deterioraban los frescos en las paredes. Sin embargo los guarda salas no parecían muy preocupados por el posible deterioro del patrimonio local. Decidí, no darle mas importancia por el momento. Claro siempre y cuando se abstuvieran de tomar fotos durante la presentación. O Dios que vaga era mi esperanza de que eso se cumpliera.
Finalmente las luces se atenuaron y dos jóvenes estatuistas comenzaron recitando una introducción poética del personaje objeto de homenaje… Aquí quiero hacer una pausa para aclarar algo. El sólo hecho de que una persona se pare sobre un escenario esta ejecutando un acto de gran valentía, pues se expone a ser juzgado por sus semejantes, lo cual es un acto que respeto, pero lo que yo llamo artista es una persona que es capaz de hacer cosas increibles simplemente porque su sensibilidad se lo permite, secibilidad de la cual la mayoría de los mortales carecemos. CARECEMOS PERO TAMPOCO SOMOS CIEGOS
Llamenme pesimista si lo desean, pero cuando la primera persona que habla en una presentación se equivoca u olvida su parlamento para mi es un presagio de desastre. El joven estatuista se encontró con la esencia de su arte justo en plena declamación. Luego comenzó la música, hermosa música de flamenco, ¿Pero de donde viene? ¡Que detalle! La cantaora y el guitarristas coronaban el palco. todo el público torció sus pescuezos para poder apreciar la fuente de la música, mientras se preguntaban curiosos “¿Que carajo hacen allá arriba?” Pregunta que nunca fue respondida y que tras 5 minutos (que parecieron 20) en esa postura prometía algún tipo de lesión cervical. Luego comenzaron los tambores, un ritmo la verdad contagiante, rico, alegre. Tras él bailarines tomaron los pasillos del teatro, improvisando sus pasos a medida que el ritmo dominaba sus cuerpos. ¿Un gran performance? Lejos de eso, fue también fastidioso tener que torcer el ya adolorido cuello una vez mas para apreciar a un bailarín o a una bailarina, los cuales practicando un arte en el cual muestran sus cuerpos no se dan cuenta que si bailan en los pasillos de un escenario están limitando su expresión a unos pocos que los logran mirar sin obstrucciones.
La lógica nos podría haber llevado a pensar que en cuanto subieran todos al escenario podríamos ser capaces de VER lo que realmente están haciendo, pero no fue así, en cuanto los bailarines alcanzaron las escaleras del mismo se sentaron y dejaron de bailar. Dios, esto no mejora.
Aquí voy a hacer otro apartado, y es que creo en la improvisación en el baile así como se da en la música y que dicha capacidad de interpretar la música con el cuerpo es un don fabuloso, para quien realmente lo tiene (el cuerpo y el don, me refiero) ¿Buenos bailarines?, si hubo, y muy buenos. ¿Malos bailarines?, también.
Entonces finalmente el telón que aun estaba abajo subió lo suficiente para mostrar varios pares de piernas, que interpretaron a capela un contagioso taconeo, el cual fue un poco malogrado por un micrófono demasiado alto y muy cerca del taconeo. Pero a pesar de eso se mostró como algo bonito y ligero, hasta que subió el telón por completo. Yo adoro la danza, en verdad, y no es que tenga algo personal en contra de los hombres bailarines, todo lo contrario, admiro tremendamente a aquellos que realmente demuestran su talento sobre las tablas y nos regalan su fuerza y gracia. Lo que no soporto son los divos.
“Pero bueno, sigamos, a lo mejor esto mejora” y para mi sorpresa si lo hizo. Mirem de Ondiz. Dios, que voz. Gracias, creo que no hubiera llegado tan lejos sin ese bálsamo en mis oídos.
El canto dio paso a la poesía. Aquí no quiero entrar en detalles, pues este escrito aunque sea catártico terminaría (si no lo es ya) siendo muy fastidioso. Pero hay dos cosas que no quiero dejar de mencionar. La primera es que hace mucho tiempo aprendí que para actuar no tienes que simular que actúas, de lo contrario pareces un chico de secundaria montando una obra para el colegio (sin ánimos de ofender a los buenos actores de las secundarias) Lo segundo, y si quieren llámenme loco, es que lo mínimo que uno puede esperar de un actor es que se sepa sus líneas, o que al menos si se equivoca mientras las recita uno no lo note. Y es que un actor que sale con el libreto en las manos al escenario o que intenta disimular su falta de profesionalismo leyendo sus líneas en chuletas escritas en los accesorios de la escenografía me parece una simple y total falta de respeto para el público.
Para terminar debo darle un reconocimiento a lo que considero, no sólo la mejor parte de todo esta presentación sino también a los dos bailarines que la ejecutaron. Lo malo es que no se quienes eran, pues estaban en un vídeo que se proyectó en una pantalla sobre el telón de fondo. Eran tan bueno que casi pude pasar por desapercibido a los dos bailarines locales que intentaban repetir la majestuosidad de los bailarines en el vídeo. Lo que me llevó a concluir algo importante, si no tienes suficiente imaginación para hacer algo bueno por tu cuenta, al menos no le muestres a todo el mundo de donde fue que te lo compiaste.
Aquí decidimos escapar, y salvar lo poco de buen juicio que nos quedaba. Para mi sorpresa, mientras caminábamos rumbo hacia la luz un aguacero de aplausos de dejaba caer sobre los actores y bailarines. Me niego a hacerlo, no puedo dedicarle el mismo respeto que le dedico a los verdaderos interpretes de maravillas a estas personas, y no porque sean las personas que son, sino porque simplemente lo que acaban de hacer no lo merece, no de mis manos.
En verdad lamento la crudeza de mi crítica, pero creo que mientras nos sigamos conformando con lo mediocre, seguiremos recibiendo mediocridad. Mientras nos sigamos conformando con recibir alabanzas por trabajos pobres en creatividad y desempeño nunca nos superaremos a nosotros mismos.